13 de octubre de 1945 Perón es detenido y llevado a Martín García

Luego de abandonar el gobierno, Juan Perón decide pasar el 12 de octubre descansando junto a Evita en una isla del Tigre. Allí lo va a buscar, cerca de la media noche, el jefe de policía Aristóbulo Mittelbach para trasladar al Coronel a su domicilio particular en la calle Posadas, en donde a las 2.30 de la madrugada es detenido, cosa que permite porque estaba presente su amigo personal, el coronel Domingo Mercante.

Perón no quería quedar en manos de la Marina ya que sabía de la animadversión que le tenían los hombres de la Armada. Es más, algunas versiones indican que, a lo largo de esa noche, él y Evita se salvaron por casualidad de dos atentados contra sus vidas.

El coronel Mercante acompaña a Perón a la cañonera que lo trasladaría a la prisión militar de la isla Martín García. Allí se produce un hecho curioso pero que llena de confianza al prisionero: la tripulación de la nave lo saluda con respeto y recibe la reciprocidad de Perón, que entonces se siente más tranquilo.

Es alojado en una modesta casa de la isla y de inmediato se dispone a escribir dos cartas que Mercante trae a su regreso: una de ellas, muy sentida, para Eva, llena de cariño y donde le cuenta su decisión de “casarnos y mandarnos a mudar”. La otra en la que expresa el deseo de obtener su pase a retiro.

¿Esas cartas fueron fruto de la zozobra del momento o parte de una estrategia? Hay que leer entre líneas en ellas. O, acaso, interpretarlas a la luz de los acontecimientos que se precipitarían en los días que siguieron a su detención, condición que nunca fue confirmada por el Gobierno y que aprovecharía Perón en la hora del desenlace.

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