Fue cosa del Pueblo. Perón había ganado las elecciones de febrero de 1946 con un frente formado por tres espacios políticos armados para acompañarlo: el Partido Laborista (fundado pocos días después del 17 de Octubre y la más clara expresión del Movimiento Obrero); la Unión Cívica Radical Junta Renovadora (un grupo de radicales antipersonalistas liderado por Hortensio Quijano, que sería vicepresidente en la fórmula con Perón) y el Partido Independiente (una fusión de centros cívicos conservadores liderados por Juan Filomeno Velazco y Alberto Teisaire, que fuera vicepresidente luego del fallecimiento de Quijano. También en ese armado venía Héctor J. Cámpora).

Laborismo, Conservadurismo y Radicalismo conducidos por el, por entonces, Coronel Perón, rumbo a la victoria popular en las urnas. Y después del triunfo, la fusión y la síntesis en un Partido Único de la Revolución que no pudo colar en la conversación del Pueblo. Por eso fue cosa de las mujeres y los hombres que habían poblado las calles de Buenos Aires entonando su nombre. “El subsuelo de la Patria sublevado” se sabía y se decía peronista. Pero a Juan no le gustaban los personalismos.

Fue un compañero de la secretaría de Trabajo y Previsión, un abogado laboralista que escribió codo a codo con Perón las líneas de la primeras leyes laborales, Eduardo Stafforini quien, en una charla le dijo: “Si el eje es la Justicia Social, el partido debería llamarse Justicierista”. Y Perón lo corrigió: “Mejor Justicialista”.

Se celebran, este 23 de mayo, los primeros 79 años del Movimiento Nacional que cambió la historia del Siglo XX. Se festeja y, también, se hace introspección. Como una misa. Porque “herramienta electoral” pero, por sobre todo, identidad y continente. Símbolo en un tiempo en donde debemos cuidar más que nunca los símbolos.

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