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El día que Perón volvió para siempre

El 20 de junio de 1973, Juan Domingo Perón regresó definitivamente a la Argentina. Héctor J. Cámpora había ganado las elecciones y gobernaba el peronismo. Las consigna “Luche y Vuelve”, por la que tanto se había luchado y militado, alcanzaba su deseado objetivo.

 “Llego casi descarnado; nada puede perturbar mi espíritu, porque retorno sin rencores ni pasiones, como no sea la que animó toda mi vida: servir lealmente a la patria”. Estas palabras, pronunciadas el 21 de junio de 1973, definen el ánimo con el que Perón había regresado. Enfermo. Herido del rayo. A cumplir con su destino como el más grande de los dirigentes del siglo XX.

 Unos meses antes, en noviembre de 1972, había vuelto a pisar suelo argentino, luego de de 17 años, un mes y 29 días;  pero había decidido volver a España para que el proceso de recuperación democrática se desarrollara con normalidad. Insólitamente, el 5 de febrero de 1973, faltando poco más de un mes para las elecciones presidenciales, el gobierno de facto de Alejandro Agustín Lanusse prohíbe la entrada al país de Juan Perón. Desde Madrid, Perón se pregunta, en un reportaje, por qué no habría de poder volver. “No soy candidato a nada… tengo mi casa…” Esa prohibición sumada a cierta convulsión interna, sostienen algunos historiadores, es lo que decide el regreso definitivo. “Si me necesitan y me llaman de la Argentina, voy”, había comentado durante una visita a Roma.

Fue así que en un chárter de Aerolíneas Argentinas, contratado a tal efecto, Perón, acompañado por su esposa María Estela Martínez, “Isabelita” y el entonces presidente Cámpora, se embarcó con destino a la Argentina. El acto de reencuentro del General y su Pueblo se había programado en la Autopista Ricchieri, a la altura del Puente 12, pero no pudo ser por el enfrentamiento de dos grandes facciones del Justicialismo en lo que, intencionadamente se difundió como “La Masacre de Ezeiza”.

El jet sobrevoló el aeropuerto internacional Ministro Pistarini y decidió desviase a hacia la Base Área de Morón, donde aterrizó. La movilización de más de dos millones de personas, que fue definida por el historiador Samuel Amaral como “la reunión política más grande realizada en la Argentina”, se frustró por el accionar de un puñado de dirigentes que pujaron por ocupar el palco desde el que estaba previsto que iba a hablar Perón. 

Seguramente, parte del discurso que había preparado para ese su encuentro con el pueblo, lo ofreció el 21. Y sus palabras, que llamaban a la unidad, sintetizaron el objetivo fundamental de su regreso: “El Justicialismo, que no ha sido nunca ni sectario ni excluyente, llama hoy a todos los argentinos, sin distinción de banderías, para que solidariamente nos pongamos en la perentoria tarea de la reconstrucción nacional”.

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