Néstor Kirchner se hizo cargo del poder en 2003. Dicen que cuando la Patria está en peligro, siempre llama a los mejores. Así sea.
Un peronismo roto en internas estériles y un pueblo sufriente por el desastre económico del período de Fernando De la Rúa era el panorama en el que se enfrentaron, el 27 de abril de 2003, tres fórmulas peronistas, una de centro derecha liberal, una de centro derecha moderada, el radicalismo y tres de izquierda. Una verdadera interna a cielo abierto que fue ganada por el ex presidente Carlos Saúl Menem, con el 24,45% de los votos seguido por Carlos Néstor Kirchner con el 22,25%. La Constitución reformada en 1994 indicaba que, con esos guarismos, los candidatos debían ir a una segunda vuelta que, sin embargo, no ocurrió porque Menem decidió no presentarse (las encuestas lo daban perdedor 30 contra 70).
De esta manera, el 25 de mayo de 2003, Néstor Kirchner asumió la presidencia de la Nación. Quedan, de aquel día, el amor inconmensurable de un pueblo que ya había empezado a quererlo y la herida en la frente que le produjo la cámara de un fotógrafo un tanto atropellado, en una suerte de metáfora de lo que sería la relación entre el periodismo y el kirchnerismo de allí en adelante. También, una frase: “Yo les puedo asegurar de corazón que no vine a dejar mis convicciones en la puerta de la Casa Rosada”.
La presidencia de Néstor, esos cuatro años virtuosos, quedan ahí nomás. Y hay muchos testigos de ese momento que todavía conservan la memoria. Pero vale la pena refrescar que entre 2003 y 2007, Argentina tuvo un crecimiento económico de alrededor del 9% anual. La tasa de desempleo se redujo del 17,3% en 2003 al 7,9% una vez culminó su periodo presidencial, esto sin contar los empleos basura como hace hoy el gobierno libertario. Las reservas en dólares pasaron de 14.000 millones en 2003 a más de 47.000 millones y el salario mínimo, que en 2003 era de $360 aumentó a $1.240 en 2007. Pero acaso lo más relevante haya sido que propuso una quita del 75% de la deuda, que representó una rebaja de más de 60.000 millones de dólares sobre el capital que pasó a ser de 20.450 millones de dólares y que el 3 de enero de 2006, la Argentina abonó totalmente su deuda con el Fondo Monetario Internacional, lo que nos sacó de las espaldas el control y el poder del FMI y nos permitió un alto nivel de independencia económica.
Acaso signado por un destino patriótico, ofrendó su vida al sueño de una Argentina mejor. Honor y reconocimiento para su nombre y su tarea.
