17 de octubre de 1945 Perón desde el balcón
Cuenta el propio Perón que estaba nervioso cuando salió al balcón de la Casa Rosada para hablar con el pueblo. “No sabía qué decir… entonces, para ganar tiempo, les pedí que cantáramos juntos el Himno Nacional mientras ordenaba mis ideas”.
Dijo, entre otras cosas:
“¡Trabajadores! (…) He renunciado voluntariamente al más insigne honor a que puede aspirar un soldado: llevar las palmas y laureles de general de la Nación. Ello lo he hecho porque quiero seguir siendo el Coronel Perón, y ponerme con este nombre al servicio integral del auténtico pueblo argentino”.
“Muchas veces me dijeron que ese pueblo a quien yo sacrificara mis horas de día y de noche, habría de traicionarme. Que sepan hoy los indignos farsantes que este pueblo no engaña a quien lo ayuda. Por eso, señores, quiero en esta oportunidad, como simple ciudadano, mezclarme en esta masa sudorosa, estrecharla profundamente con mi corazón”.
De repente, voces desde distintos puntos de la Plaza de Mayo comenzaron a preguntarle: “¿Dónde estuvo?, ¿dónde estuvo?”. Y entonces se estableció una suerte de diálogo entre Perón y el pueblo. “Preguntan ustedes dónde estuve —les dice Perón—. Estuve realizando un sacrificio que lo haría mil veces por ustedes”.
Finalmente, los exhorta: “… recuerden, trabajadores, únanse y sean más hermanos que nunca. Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse nuestra hermosa patria”, y cerró pidiéndoles que al “abandonar esta magnífica asamblea lo hagan con mucho cuidado. Recuerden que entre todos hay numerosas mujeres obreras, que han de ser protegidas aquí y en la vida por los mismos obreros”.
Ese día, más que salir al balcón, Perón entró en la Historia.
