17 de octubre de 1945 Perón negocia con el Gobierno
Eran las siete de la tarde del 17 de octubre de 1945 y Perón estaba todavía en pijama en su habitación del Hospital Militar, conversando con militares leales como el Teniente Coronel Raúl Tanco y el General Franklin Lucero, quienes llegaban de la zona de la Plaza de Mayo.
— ¿Hay mucha gente? —preguntó.
— Muchísima —le contestaron casi a dúo.
— Es el momento… hay que aprovechar la debilidad del enemigo —masculló Perón.
Sin embargo, hasta que no recibió el llamado del presidente Edelmiro Farrell invitándolo a la residencia presidencial —que por entonces se encontraba en Recoleta, en el sitio en donde hoy se levanta la Biblioteca Nacional— no comenzó a vestirse. Eran las 21:30 y Perón se acicalaba con tranquilidad, acaso pensando en aquella frase atribuida a Napoleón que rezaba: “Vestidme despacio que estoy apurado”.
Estuvieron hasta casi las 22:30 conversando como viejos camaradas de armas que eran y luego fueron juntos a la Casa Rosada. Perón había conseguido el desplazamiento y retiro de sus dos enemigos declarados: Eduardo Ávalos, Ministro de Guerra, y Héctor Vernengo Lima, Ministro de Marina. También la reposición en su cargo del Jefe de la Policía Federal, Velazco, o la ratificación de lealtad de la fuerza.
Obtuvo además el compromiso de que el gobierno militar no daría marcha atrás con las mejoras y beneficios para la clase trabajadora y, finalmente, lo más importante: la convocatoria a elecciones generales para 1946.
— Bueno… ahora me voy a casa —dijo Perón.
— Pare. Pare. Tiene que hablar para calmar a la gente —lo frenaron.
Entonces, por primera vez, Perón salió al balcón de la Casa Rosada.
