15 de octubre de 1945 Una radiografía fraguada

Miguel Ángel Mazza, capitán cirujano que había visitado a Perón en su encierro y se había plegado a su estrategia, informó al gobierno y, en particular al Coronel Ábalos, ministro de Guerra, sobre lo precario de la salud de Perón. Y para confirmar su diagnóstico, adjuntó una placa radiográfica (que no pertenecía a Perón y había sido tomada de la historia clínica de otro paciente en el Hospital Militar) en donde se veía con claridad una caverna tuberculosa.

El presidente Farrell, que nunca había estado demasiado seguro de detener al Coronel Perón y que temía la reacción popular, ordenó que lo trajesen de vuelta. Ábalos aceptó a regañadientes pero el almirante Vernengo Lima, ministro de Marina que se había ocupado personalmente de la detención y el traslado de Perón, se negó de plano. La discusión hacia dentro del gobierno duró casi todo el día hasta que el hombre de la Armada terminó cediendo y se anunció oficialmente que sería trasladado al Hospital Militar cosa que ocurrió recién el 17 a la madrugada.

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