17 de octubre de 1945 No se puede frenar al Pueblo

Venían de los frigoríficos de Berisso, del puerto de Ensenada, de los talleres de La Plata, de las curtiembres de Avellaneda… del Sur venían. “El aluvión zoológico”, como lo definiera el diputado radical Ernesto Sanmartino, era, en realidad, una marea de trabajadoras y trabajadores que habían saboreado el dulce gusto de la dignidad que les había ofrecido el Coronel Perón.

El presidente Farrell —que a lo largo de las jornadas se mostraba cada vez más preocupado e inseguro de las medidas tomadas—, no tuvo mejor idea que mandar a levantar y cerrar los puentes que comunicaban al conurbano con la Capital. Pero la voluntad obrera estaba jugada: subiéndose a botes y barcazas, saltando de durmiente en durmiente en los cruces ferroviarios y, los más osados, echándose a nadar las aguas de “ese roñoso Rubicón” (como lo definió el historiador Félix Luna años después), el pueblo continuó su marcha inalterable. Vencido y seguro de que “la suerte estaba echada”, el Jefe de Policía ordenó que volvieran a habilitar los puentes.

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