Hace 74 años, moría Evita
“Cumple la Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación el penosísimo deber de informar al pueblo de la República que a las 20.25 horas ha fallecido la señora Eva Perón, Jefa Espiritual de la Nación”. La voz del locutor oficial, Jorge Furnot, a través de la Cadena Nacional de Radiodifusión comunicaba el desenlace de una larga y dolorosa enfermedad que segaría, a los 33 años, la vida de la mujer más importante del siglo XX, que dejó huella inalterable en la memoria y el corazón de las argentinas y argentinos y que hoy, a casi tres cuartos de siglo de su desaparición física, sigue siendo ejemplo y bandera para el pueblo peronista.
Era el 26 de julio de 1952. Un cáncer de útero, detectado a inicios de 1950, había hecho estragos en el cuerpo de por sí pequeño y delgado de Eva Perón. Pero su espíritu combativo y su lucidez arrolladora se habían mantenido intactos hasta el último momento.
A pesar de estar ya herida por la enfermedad, Evita trabajó sin descanso, “de manera febril” según los cronistas de la época: en la Fundación Eva Perón que brindó asistencia a niños, ancianos, madres solteras y mujeres que eran el único sustento de sus familias; en el Ministerio de Trabajo y Previsión donde se ocupaba de áreas centrales; en la relación con los sindicatos y en la presidencia del Partido Peronista Femenino, creado por su iniciativa en 1949 y con el que las mujeres alcanzaron el 33% de todos los cargos en las elecciones de 1951.
Para esos comicios, Evita fue propuesta por los trabajadores como vicepresidenta de la fórmula bajo el eslogan “Perón cumple, Evita dignifica”. Este hecho produjo un gran debate en la Argentina y motivó un Cabildo Abierto de los Trabajadores que reunió a más de dos millones de personas que exigieron, a viva voz, su postulación. Se produjo, entonces, una suerte diálogo entre Perón, Evita y los obreros que le pedían que acepte. Ella, sorprendida, suplicó tiempo. “No renuncio a mi puesto de lucha, renuncio a los honores” dijo y, a pesar de la insistencia de los hombres y mujeres allí reunidos que amenazaban con un paro general si se negaba, consiguió abrir un compás de espera que duró hasta el 30 de agosto cuando ofreció su “renunciamiento histórico” a través de un mensaje radial. El 11 de noviembre, día en el que se realizaron los comicios, Evita tuvo que votar desde su lecho ya que había sido operada para tratar de curar el cáncer que avanzaba.
Su último contacto con el pueblo llegaría durante el mediodía del 1 de Mayo de 1952, desde el balcón de la Casa Rosada, en ocasión de la celebración del Día del Trabajador y ante una plaza colmada. Su fragilidad física era evidente para quienes la rodeaban, pero invisible para la multitud que la aclamaba. Sostenida por un corsé de yeso y en el amoroso y firme abrazo de Perón. “Compañeras, compañeros: Otra vez estoy en la lucha, otra vez estoy con ustedes, como ayer, como hoy y como mañana. Estoy con ustedes para ser un arco iris de amor entre el pueblo y Perón; estoy con ustedes para ser ese puente de amor y de felicidad que siempre he tratado de ser entre ustedes y el líder de los trabajadores”, dijo con voz quebrada en el que sería su último contacto con su pueblo.
Luego la agonía, apenas un par de apariciones públicas y el dictado de su libro “Mi mensaje” en el que pidió “Quiero vivir eternamente con Perón y con mi Pueblo. Esta es mi voluntad absoluta y permanente y será también por lo tanto cuando llegue mi hora, la última voluntad de mi corazón”.
El 26 de julio de 1952 moría Eva Duarte de Perón… y nacía el mito.
