Fusilamientos

El 9 de junio de 1956, la mal llamada Revolución Libertadora, sofocó a fuerza de sangre y fuego un intento de levantamiento armado organizado por un sector del Ejército fiel al General Perón. A la cabeza de esa contrarrevolución estaban los generales Juan José Valle y Raúl Tanco. También un puñado de civiles, que integraban la resistencia peronista. Algunos de ellos detenidos y trasladados a los basurales de José León Suárez, fueron fusilados entre montañas de desperdicios. Años después, el periodista Rodolfo Walsh realizó una investigación sobre estos crímenes de la que nació su mítica novela “Operación Masacre”.

El 16 de septiembre de 1955, fue derrocado el segundo gobierno del General Juan Domingo Perón, que unos años antes había ganado las elecciones para su segunda presidencia con el 63% de los votos en un comicio en el que participó el 88,16% del padrón. Este dato no es ocioso. Habla de que más allá de los deseos de un amplio sector de las clases dominantes y una parte de la Iglesia, el pueblo argentino seguía apoyando al peronismo.

Perón prefirió partir al exilio para no derramar sangre de argentinos a manos de otros argentinos. Pero en el país quedaron muchos que sentían que había que retomar el carril democrático y reponer al Presidente en su puesto.

Parte de esos hombres y mujeres conformaron lo que se dio a llamar Resistencia Peronista y, a partir de ese sentimiento hecho acción, se comenzó a organizar la contrarrevolución que encabezaron los generales Juan José Valle y Raúl Tanco. Acompañados, claro, por muchos otros militares de menor rango y de muchísimos civiles: buenas y buenos compañeros, comprometidos que, como el peronismo y sus símbolos habían sido prohibidos por el decreto ley 4161 de marzo de 1956, usaban una flor de Nomeolvides pegada en las solapas y los vestidos para identificarse.

Los conjurados habían elegido la fecha del 9 de junio para el inicio de las acciones pero los servicios de inteligencia del ejército infiltraron al grupo y lograron desactivar el golpe. El alzamiento fue sofocado en las unidades de Campo de Mayo, Escuela de Mecánica del Ejercito, Palermo, La Plata, Viedma, Rosario, Rafaela y Santa Rosa. Ese mismo día, el presidente de facto, General Pedro Eugenio Aramburu, decretó la ley marcial y mandó fusilar a 11 militares.

También un grupo de 12 civiles militantes fue detenido en una vivienda de Florida, provincia de Buenos Aires, y trasladado a los basurales de José León Suárez en donde varios fueron asesinados por la espalda. Juan Carlos Livraga, uno de los sobrevivientes, será el “fusilado que vive” del que es anoticiado Rodolfo Walsh y lo mueve a realizar esa investigación que daría como resultado la novela “Operación Masacre”.

Enterado de estas muertes, el general Valle decide entregarse con la condición de que se detuviese la sangrienta represión. Es conducido al Primer Cuerpo de Ejército de Palermo y allí, en un juicio sumario, se lo condenó a muerte. El 12 de junio de 1956, en la Penitenciaría de calle Las Heras, en la ciudad de Buenos Aires, Valle es asesinado por un pelotón de fusilamiento sin que hubiese una orden escrita de ejecución.

Antes de morir, escribe una carta a Aramburu en la que le dice: “Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija, a través de sus lágrimas verán en mí un idealista sacrificado por la causa del pueblo. Las mujeres de ustedes, hasta ellas, verán asomárseles por los ojos sus almas de asesinos”.

A 70 años de esa verdadera masacre, en los próximos días de junio, comenzará un histórico Juicio por la Verdad para esclarecer definitivamente los asesinatos cometidos por la Revolución “Fusiladora”.

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